jueves, 11 de agosto de 2011

Un museo intrépido

El Intrepid Sea, Air & Space Museum es un museo dedicado al mar, al aire y al espacio. Ubicado en el muelle 86, en la orilla del río Hudson, el museo da la oportunidad de visitar los entresijos de un portaaviones, un submarino y un concorde. El portaaviones Intrepid cede su nombre al museo y es la visita más importante de éste. El barco ha tenido una gran vida útil habiendo participado en dos grandes guerras, en el programa espacial estadounidense y en las labores de rescate de los atentados del 11S.

En mi país difícilmente hubiera ido a un museo como éste, más por todo lo que se puede asociar con él que por lo que se puede ver, pero mira por dónde, nos habían hablado tan bien de éste de NY que formó parte de nuestro recorrido turístico. Lo que llama más la atención son las dimensiones del portaaviones, así como los numerosos helicópteros y aviones que muestra en su cubierta principal, también resulta de lo más entretenido y didáctico el espacio del hangar. Reconozco que la visita es curiosa pero eso no significa que haya cambiado mi posición respecto de todo lo que este museo representa.

Bagels de cebolla y olor a gas

Conocí los bagels en Londres, casi por casualidad, y quedé prendado. Tanto es así que al llegar a Barcelona después de aquél viaje busqué en internet un lugar para volver a degustarlos, mi decepción fue mayúscula al comprobar que el único sitio donde se vendían los había sustituido por pasta italiana. No pasa nada, NY es la cuna de los bagels y, por tanto, no me podía venir sin comer alguno de estos bocatas tan especiales.

En la guía mencionaba diversos sitios y un día, casi por casualidad, pasamos por uno de ellos. Lamentablemente no vendían el bocata hecho sino el pan, el bagel, para que cada uno lo completase a su gusto. Compramos seis bagels, dos de los cuales eran de cebolla, para cenar en el hotel. Durante el día llevé la bolsa cerrada dentro de mi mochila. A media tarde, visitando el museo de cera descubrí un extraño olor a gas que nos acompañaba durante toda la visita, lo más divertido fue descubrir que el olor lo llevaba yo dentro de la mochila, eran los bagels de cebolla. Ni que decir tiene que mi familia todavía se está riendo de mí y ésta será una de las anécdotas más recordadas del viaje. Por cierto, estaban buenísimos.

De Bilbo a NYC, el Guggenheim

El museo Guggenheim de Nueva York es el primero de los museos creados por la Fundación Solomon R. Guggenheim, dedicada al arte moderno. Fue fundado en 1937 en Upper East Side, NY. Al comienzo fue llamado Museo de pintura no-objetiva, y fue fundado para exhibir arte vanguardista de artistas modernos tempranos como Kandinsky y Mondrian. En 1959 se mudó al lugar donde se encuentra ahora, cuando se completó el edificio diseñado por el arquitecto Frank Lloyd Wright, una obra de arte en sí misma.

Aquí me pasa lo mismo que en Bilbao, me gusta más el edificio que el arte que alberga. Exceptuando los Kandinsky, Mondrian y Picasso, el resto de arte moderno que se expone en estas blancas paredes y suelos en espiral no me conmueve en demasía, supongo que me falta cultura artística o tal vez es que soy más clásico que moderno.

La estatua de la libertad y Ellis island

Ellis Island es un pequeño islote situado en el puerto de Nueva York, en la zona superior de la bahía próxima a Nueva Jersey. En 1890 Ellis se convirtió en la principal aduana de la ciudad. Entre 1892 y 1954 aproximadamente 12 millones de pasajeros, que llegaron a los Estados Unidos a través del puerto de Nueva York, fueron inspeccionados allí, tanto legal como médicamente, sólo el 2% fue deportado.

Al lado de la isla de Ellis se encuentra la isla de la libertad que destaca por albergar la famosa estatua de la libertad, regalada por Francia a Estados Unidos en 1886 para conmemorar el centenario de la declaración de la declaración de independencia de los USA y como signo de amistad entre las dos naciones. Diseñada por Gustave Eiffel está considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Visita obligada y decorado de multitud de instantáneas captadas durante el viaje.

Un museo impresionante, el Metropolitan

El Metropolitan es un museo de arte impresionante, posiblemente uno de los más destacados del mundo. Inaugurado en 1873 posee más de dos millones de obras de arte. Sus colecciones abarcan desde incontables tesoros egipcios, griegos, africanos, bizantinos, etc, pinturas de los grandes maestros como Rafael, Picasso, El Greco..., esculturas, armaduras y todo tipo de objetos artísticos.

El Metropolitan es tan grande que requiere de varios días para visitarlo en su totalidad, pasear una mañana por alguna de sus múltiples salas y disfrutar del arte que muestran sus paredes es algo magnífico para todo aquel que aprecie el arte. Nosotros no pudimos pasar de este pequeño contacto, nos quedó mucho por ver. Tal vez en otra ocasión.

NYC desde un barco de vela

El Clipper es una goleta de 158 pies de eslora con capacidad para 150 pasajeros, réplica en madera de una goleta del siglo XIX. El viaje en este velero resulta una de las experiencias más curiosas de la visita a Manhattan. La tranquilidad del viaje acompañado por las vistas de la estatua de la libertad y del skyline neoyorquino al anochecer se convierte en un placer para los sentidos.

En bici y a pie por Central Park

Central Park es un parque público, con forma rectangular (4.000 x 800 m), situado en medio de la isla de Manhattan. Creado y modelado de manera artificial por dos paisajistas a finales del siglo XIX, en su interior podemos encontrar casi de todo: lagos, pistas de hielo, zonas deportivas, estatuas, fuentes, puentes, etc.

Hemos ido tres veces a Central Park: la primera para dar una vuelta en bici, la segunda para hacer un picnic con comida de Zabar's y la tercera para pasear y descubrir algunos rincones preciosos. La vuelta en bici resultó agotadora y sirvió para que registráramos las impresionantes dimensiones de este parque urbano. El picnic, sentados en la hierba un mediodía de agosto, chulísimo. El paseo a pie nos permitió visitar el castillo, el teatro donde representan obras de Shakespeare, la estatua de Alicia en el País de las maravillas, etc. Magnífico parque.

Para emular a Indiana

El "American Museum of Natural History" se fundó en 1.869 de la mano de Theodore Roosevelt. Actualmente se encuentra al noroeste de Manhattan, tocando a Central Park. Famosos ornitólogos, geólogos, paleontólogos y antropólogos han nutrido sus vitrinas de especímenes únicos.

Su fastuosa colección de plantas, minerales, fósiles, animales disecados... y sus impresionantes y realistas dioramas hacen que la visita a este museo sea una experiencia única. A destacar la sala de los dinousarios. Otro de los atractivos radica en identificar todos los protagonistas y espacios que intervienen en la película "Una noche en el museo", de visionado obligado cuando hay niños en casa.

miércoles, 10 de agosto de 2011

El Empire y las vistas de Manhattan

El Empire State Building es actualmente el edificio más alto de NY tras el atentado y caída de las Torres Gemelas. Fue durante durante la Gran Depresión, de 1929 a 1931, en tan solo 410 días. Tiene 102 plantas y 381 metros de altura (443,5 m si se considera la antena superior). De estilo art déco, es otro de los símbolos de NY, su esbelta figura ya ha aparecido en más de cien películas, King Kong ha sido la más famosa, y parece que su protagonismo no tiene fin.

Nuestro hotel estaba a escasos cinco minutos a pie de este asombroso edificio. Cuando estrenamos el NY Pass fue la primera visita que hicimos. Coger uno de sus muchos ascensores y subir al mirador del piso 86, después de pasar varios controles de seguridad, ya resulta una experiencia única en sí misma, cuando le añades la excelente panorámica aérea que se tiene de Manhattan y de todo NYC le añades el calificativo de irrepetible. Aquí es cuando uno comprende que la vista desde las Torres Gemelas debía ser preciosa. Mirando atrás cuesta mucho imaginarse cómo aquellos 3400 obreros que lo construyeron pudieron avanzar a un ritmo de 4,5 pisos por semana y construir esta maravilla arquitectónica.

Manhattan desde el río

Caminar bajo la sombra de los rascacielos de Manhattan es una sensación única y diferente, como también lo es poder disfrutar de su famoso skyline desde el río a bordo de un barco. Si además coincide con el atardecer y la puesta de sol tienes la posibilidad de ver la ciudad iluminada y entonces la perspectiva se torna inigualable. La óptica desde el río permite una orientación espacial que no siempre tienes cuando estás a nivel de suelo. En cualquier caso, a pie plano, en lo alto de un rascacielos o a bordo de un bordo, la estilizada línea de Manhattan es especial.

La manzana dentro de la manzana

El cubo de Apple en la Quinta Avenida es la tienda emblema de la empresa de la manzana, así como uno de los elementos arquitectónicos y de diseño más fotografiados de NY. Diferentes piezas de cristal ensambladas (ahora cubiertas por una lona porque se va a reconstruir el cubo con menos piezas) permiten entrever un ascensor, también de cristal, que baja hasta el piso inferior porque, en efecto, la tienda con todos sus maravillosos artilugios tecnológicos está bajo el suelo.

Por dentro la tienda no es muy diferente a la que puede haber en La maquinista de Barcelona, posee los mismos gadgets y ordenadores, si bien ésta tiene la particularidad de su ubicación y de estar abierta 24 horas al día 365 días al año, es decir, siempre. No cabe duda que la manzana dentro de la Gran manzana es todo un microcosmos. La gran duda es: ¿quién puede haber aquí un día laborable a las tres de la madrugada?, en fin, no tengo ganas de averiguarlo. Larga vida a Apple.

High line, una vía verde

High Line es un parque construido sobre una antigua línea de ferrocarril elevada que discurre a lo largo de 2,3 km. del Lower West Side de Manhattan. La vegetación combina más de 210 especies de plantas, arbustos y árboles, y se mezcla con largos caminos entablados, zonas de descanso, fuentes, plataformas de observación, etc.

Jamás hasta ahora había paseado por un parque elevado y entre vías de ferrocarril. La idea es muy original y la reconversión del espacio férreo en zona verde supone un paso adelante en la recuperación de espacios para buscar el equilibrio entre la natura y la ciudad. La sensación que se tiene en la High Line es de paz, de descanso, de evasión. Ojalá hubiera más remansos verdes como éste en nuestras urbes.

Hamburguesas y costillitas en Chelsea

Lo cierto es que más allá de los omnipresentes puestos callejeros de perritos calientes, de los McDonald's y los Starbucks existe una variedad infinita de comida y de restaurantes en NYC. Puestos a probar algo típico optamos por las típicas costillitas a la barbacoa en un restaurante de la cadena Dallas BBQ del barrio de Chelsea. Servidas con pan de maíz y arroz, patatas fritas o patata cocida, las baby back ribs son excelentes, además si son servidas antes de las 17 h resultan más baratas.

El barrio de Chelsea destaca actualmente por ser un barrio residencial y tranquilo, con una gran comunidad homosexual y por la incipiente cantidad de galerías de arte. El famoso hotel Chelsea, donde Sid Vicious asesinó a su pareja, acaba de ser cerrado al público, quien sabe si víctima de la especulación inmobiliaria o si será una transición para recuperar el esplendor de tiempos pasados.

martes, 9 de agosto de 2011

Un paseo por la pequeña Italia y Chinatown

Little Italy es un barrio de Manhattan llamado así porque muchos de los ciudadanos que allí habitaban eran de origen italiano. Actualmente queda muy poco del barrio original, apenas unos pocos restaurantes, pues la mayor parte de las calles y los comercios han sido absorbidos por la comunidad china.

Chinatown, en cambio, sigue siendo un enclave muy importante dentro de Manhattan. En 1,5x3 Km. se encuentran multitud de pisos, comercios, restaurantes y negocios de todo tipo, legales o no, habitados y dirigidos por una abultada población de origen chino. Cuando paseas por Canal Street a la altura de Chinatown te salen al encuentro decenas de vendedores con sus imitaciones de todo tipo de objetos de marca: bolsos, relojes, gafas de sol, etc. La decisión de comprar estas baratijas responde a la capacidad de vencer o no al impulso consumista que surge inevitablemente cuando te presentan semejantes "gangas".

Un vacío que no se puede llenar

La Zona Cero impresiona, más por pensar lo que hubo que por imaginar lo que habrá. Resulta evidente darse cuenta que habrá un antes y un después del 11-S en esta ciudad (y en Estados Unidos y, posiblemente, en todo el mundo). El vacío, material y sobre todo humano, que dejaron las Torres Gemelas difícilmente se podrá volver a llenar.

Han pasado casi diez años y la tragedia sigue estando muy presente en el corazón de los neoyorkinos, basta con asomarse al centro de visitantes de la WTC, donde pueden verse imágenes gráficas, testimonios y objetos propios de personas que dejaron su vida en ese lugar. La nueva construcción avanza a buen ritmo, habrá quien pensará lo contrario, en cualquier caso ¿será lo suficientemente emotiva como para albergar tanto sufrimiento y tanto recuerdo?, ya lo veremos.

Por el puente de Brooklyn

Hay muchas estampas típicas de NY y una de ellas es, sin duda, la del Brooklyn Bridge. Construido a finales del siglo XIX tiene casi dos km. de largo y destaca por ser el primer puente suspendido mediante cables de acero. Une los distritos de Manhattan y de Brooklyn.

Atravesar andando el puente de Brooklyn de un extremo al otro es cita casi obligada para cualquier neófito en esta ciudad y nosotros no podíamos ser menos. Por encima del espacio destinado a los coches, en uno y otro sentido, hay un vial que sirve tanto para peatones como para ciclistas. En el suelo está claramente delimitado el espacio para unos y otros, así como el sentido de la marcha. En apenas media hora cruzas el río por el puente de Brooklyn disfrutando de una panorámica única, de la estructura del propio puente, de los coches que transitan por él y de NY. Fantástica esta obra de ingeniería que merece todos los elogios y que el cine ha elevado a la categoría de mito.

Al sur de la isla

Manhattan es muy grande y verlo todo de una sola vez (en un solo viaje) resulta tarea casi imposible. Para empezar a visitar la isla nosotros optamos por el Lower Manhattan. El paseo por Battery Park nos llevó desde el puerto donde sale el ferry que va a la estatua de la libertad y Ellis island hasta el World Financial Center (tiene un vestíbulo increíble, lleno de palmeras, parece un oasis en medio de un desierto de asfalto) y la Zona Cero.

Durante el trayecto empezamos a percibir el estilo de vida neoyorkino, gente obsesionada por el trabajo que aprovecha el poco tiempo del almuerzo para respirar aire puro y disfrutar de las excelentes vistas de su ciudad. Una ciudad en la que no hay contenedores, que abusa del plástico y de todo tipo de embalajes, que tiene un sonido característico, el del tráfico constante acompañado de las sempiternas sirenas de bomberos, policías y ambulancias, una ciudad de la que sale vapor del suelo, una ciudad llena de contrastes.

La primera imagen de Times Square

Pasamos por delante del Empire, de Macy's y llegamos a Time Square. Muchos anuncios, muchas luces, muchas tiendas y mucha gente, eso es de una manera muy simple Times Square. Si tuviéramos que buscar una imagen para ilustrar la palabra consumo o la palabra capitalismo cualquiera de las instantáneas que podamos tomar de este sitio servirían de manera brillante a tal efecto. Los anuncios de los estrenos de cine, los carteles iluminados de los musicales de Broadway, las tiendas de M&M, de Toys'R'us, el Planet Hollywood... hacen que la vista se pierda en un sinfín de formas y colores. Hemos visto Times Square mil y una veces en televisión, aún así cuando uno está ahí todo parece nuevo, todo es mucho más grande, más luminoso, más americano, más, más, más.

Por fin NYC

Llegó el día que estábamos esperando desde hacía dos años, por fin NYC. Barcelona, Ginebra, New York en apenas diez horas de vuelo. New York, la ciudad que nunca duerme, nos recibió con una fina y molesta lluvia que no impidió una primera impresión llena de impactos visuales y sonoros, desde el propio JFK y especialmente con la entrada en Manhattan.

La ubicación del hotel fantástica, en la 34 con Lexington, a unos pocos minutos a pie de la gran movida. La vista desde la habitación en la planta 34 del hotel increíble, especialmente de noche, donde la majestuosa figura del edificio Chrysler destacaba por encima de las demás megaconstrucciones. Dejar las maletas y empezar a caminar para ubicarnos fue lo primero que hicimos, aprovechamos también para recoger el New York Pass que tanto aprovecharíamos en días sucesivos. Hi, NYC, we've arrived.

lunes, 1 de agosto de 2011

La escuela de Pennac

Sinopsis (casadellibro.com): "Mal de escuela aborda la cuestión de la escuela y la educación desde un punto de vista insólito, el de los malos alumnos. Daniel Pennac, prestigioso escritor francés y un pésimo estudiante en su época, estudia esta figura del folklore popular otorgándole la nobleza que se merece y restituyéndole la carga de angustia y dolor que inevitablemente lo acompaña. Pennac mezcla así recuerdos autobiográficos y sus reflexiones acerca de la pedagogía y las disfunciones de la institución escolar, sobre el dolor de ser un mal estudiante y la sed de aprendizaje, sobre el sentimiento de exclusión y el amor a la enseñanza. Con humor y ternura, análisis críticos y fórmulas efectivas, ofrece una brillante y sabrosa lección de inteligencia. Mal de escuela es la historia de una metamorfosis. De cómo un mal alumno llega a ser profesor y más adelante un escritor reconocido."

Más que interesante libro sobre la enseñanza, los enseñantes y muy especialmente los malos enseñandos. Su reflexión no deja indiferente, ¿qué hace la escuela por los malos alumnos?, ¿puede el docente sacar del pozo del fracaso a un alumno con mil y un problemas de todo género y condición?, ¿de quién es el culpa, si es que hay culpables?... No estoy convencido de que la famosa atención a la diversidad vaya en la línea de lo que preconiza Pennac, en cualquier caso defiende que no hay imposibles o, como mínimo, que merece la pena intentarlo una y otra vez. Para los docentes por vocación -entre los que creo encontrarme- los alumnos más complicados siempre son un reto, a veces -muy pocas para nuestro deseo- conseguimos nuestros objetivos pero otras no, tampoco pasa nada, no somos superhéroes, lo importante es no perder la ilusión por lo que hacemos y seguir luchando por educar los jóvenes de hoy que son los adultos de mañana.